
Por Ever Fredy Mamani Torres, Fecha: 10 de octubre del 2025
En medio de décadas de conflicto, el nuevo acuerdo de paz en Gaza podría ser un punto de inflexión en el conflicto palestino-israelí. Este acuerdo, negociado por mediadores internacionales como Estados Unidos, Egipto y Qatar, tiene como objetivo detener la escalada de violencia en la región en los últimos años. A continuación, abordamos los antecedentes, las condiciones y los obstáculos de este pacto, así como la participación de Hamás en su aplicación, para dar una explicación accesible de este acuerdo.
ANTECEDENTES DEL CONFLICTO DE GAZA
Gaza, una franja costera de 365 km2 donde viven más de 2 millones de personas, ha sido escenario de enfrentamientos entre Israel y grupos armados palestinos, principalmente Hamás, que tomó el poder en 2007. El bloqueo egipcio-israelí, en represalia por lanzamientos de cohetes, ha empeorado la crisis humanitaria: pobreza, desempleo y dependencia de la ayuda.
Los acontecimientos que llevaron al acuerdo actual incluyen la ofensiva de octubre de 2023, desatada por el ataque de Hamás a Israel, que dejó miles de civiles muertos y una devastadora respuesta militar israelí. Según la ONU, en los bombardeos posteriores murieron más de 40.000 palestinos, e Israel sufrió pérdidas humanas. Estos números reafirman la necesidad de una solución diplomática, presionada por la comunidad internacional ante la amenaza de una guerra regional más amplia.
LOS TÉRMINOS CLAVE DEL ACUERDO
El acuerdo, anunciado el 10 de octubre de 2025, declara un alto al fuego indefinido con etapas escalonadas para su implementación. Entre sus principales pilares encontramos:
La retirada de tropas israelíes: Israel se compromete a retirar sus tropas de Gaza en 60 días y reabrir pasos fronterizos como Rafah y Erez para el flujo de ayuda humanitaria y bienes comerciales. Esto destrabaría la situación y permitiría reconstruir la infraestructura destruida, valorada en miles de millones de dólares por el Banco Mundial.
El desarme parcial de Hamás: A cambio, Hamás y otras facciones armadas prometieron detener ataques con cohetes y destruir arsenales clandestinos en presencia de testigos de la ONU y la Autoridad Palestina. No se requiere un desarme completo, lo que ha sido criticado por sectores israelíes, que lo consideran insuficiente para garantizar la seguridad.
Apoyo Financiero y Reconstrucción: Un fondo mundial de 20.000 millones de dólares, encabezado por EE. UU. y la UE, financiará proyectos de vivienda, agua y empleo. “Qatar y Arabia Saudí han prometido grandes donaciones condicionando el pacto a progresos en la normalización de las relaciones entre Israel y las naciones árabes”.
Aspectos Políticos: El acuerdo abarca conversaciones iniciales sobre elecciones palestinas unificadas en Gaza y Cisjordania bajo un posible gobierno de unidad dirigido por la Autoridad Palestina. Esto podría debilitar a Hamás, pero el grupo aún tiene un papel en la seguridad local.
Estos términos representan un equilibrio delicado: Israel obtiene seguridad inmediata; los palestinos, alivio humanitario y una ruta hacia la soberanía limitada. Un factor importante en esta ecuación es el papel que se le da a Hamás, como veremos a continuación.
EL PAPEL DE HAMÁS EN LA APLICACIÓN DEL ACUERDO
Hamás, que ha controlado Gaza desde 2007, es un actor clave para la viabilidad del acuerdo, como socio negociador y potencial obstáculo. Según los términos del acuerdo, Hamás firmó en nombre de las facciones armadas palestinas, pero también asume una serie de obligaciones concretas durante las etapas de aplicación, para compensar el reparto político con concesiones de seguridad.
Asimismo, “coordina el cese inmediato de hostilidades desde Gaza”. Esto implica controlar sus fuerzas militares (como las Brigadas Al-Qassam) para prevenir ataques con cohetes o incursiones fronterizas. Líderes de Hamás, como Ismail Haniyeh, se han sumado públicamente, pero el movimiento deberá informar cada día a un comité tripartito (ONU, Egipto y Qatar) sobre el cumplimiento y permitir inspecciones en lugares sensibles, como túneles subterráneos y depósitos de armas. Esta transparencia es un gran paso, ya que Hamás siempre se ha negado a ello en el pasado, y su incapacidad para hacerlo podría desencadenar cláusulas de retorno al conflicto.
En el desarme parcial (días 31-60), Hamás asume un papel proactivo en la destrucción de arsenales no declarado, calculados en miles de cohetes y armas ligeras por la inteligencia israelí. En virtud del acuerdo, el grupo entregará un inventario verificable a observadores internacionales y destruirá al menos el 70% de su capacidad de ataque en Gaza. Pero Hamás conservará el control de las fuerzas de seguridad interior para mantener el orden y, por tanto, puede mantener una fuerza paramilitar reducida (unos 20.000 combatientes, según la ONU). Este “desarme selectivo” ha sido considerado por analistas como un “compromiso pragmático”: Hamás elude la disolución completa, pero debe integrar sus fuerzas en un aparato de seguridad compartido con la Autoridad Palestina, disminuyendo su autonomía militar.
El papel de Hamás se extiende a la administración civil, ya que formará parte de un gobierno de transición en Gaza en el que cederá parte del control administrativo (por ejemplo, la distribución de la ayuda) a la Autoridad Palestina, pero conservará el veto en materia de seguridad local. Hamás también controlará los proyectos que el fondo internacional financiará, y así garantizará que el dinero llegue a sus partidarios en el norte de Gaza. A cambio, obtendrá garantías de no interferencia israelí en sus asuntos no militares, y voz en futuras negociaciones sobre el estatuto palestino.
Esta doble función convierte a Hamás en un actor necesario, pero también vulnerable. El pacto conlleva beneficios económicos inmediatos para el grupo, como dinero qatarí para pagar los sueldos de los funcionarios, lo que podría consolidar su base popular. Pero facciones internas extremistas, como la de Yahya Sinwar, se han mostrado reticentes, al considerar que el acuerdo no satisface reivindicaciones básicas como el levantamiento total del bloqueo o el reconocimiento de derechos palestinos. El éxito dependerá de si Hamás puede controlar a sus socios, como la Yihad Islámica, y ceder poder político, algo difícil considerando su ideología islamista y su negativa histórica a coexistir con Israel.
DESAFÍOS Y CRÍTICAS
A pesar de las esperanzas, el pacto se topa con serios escollos, sobre todo en lo que concierne a Hamás. Críticos en Israel, incluido el primer ministro Benjamin Netanyahu, dicen que el papel que retiene Hamás en la seguridad no logra asegurar la liberación de los rehenes (más de 100 todavía cautivos) ni evitar nuevas incursiones y legitima a un grupo terrorista designado por EE.UU. y la UE. Por el lado palestino, facciones radicales de Hamás rechazan el acuerdo, al considerarlo una rendición, y la Autoridad Palestina lo critica por no desmantelar por completo el control de Hamás en Gaza.
Además, la aplicación depende de la voluntad política: violaciones anteriores del alto el fuego, en 2014 y 2021, socavan la confianza. Pero analistas como Aaron David Miller advierten que sin un acuerdo más amplio sobre el estatus de Jerusalén, los asentamientos de Cisjordania y el derecho al retorno de los refugiados palestinos —y sin una aplicación estricta por parte de Hamás—, este acuerdo puede ser solo un paréntesis.
La comunidad internacional, con la ONU a la cabeza, aplaude el acuerdo como un “rayo de esperanza”, pero establece una vigilancia para que no haya marcha atrás. Amnistía Internacional reclama justicia para las víctimas de ambos lados, con investigaciones independientes sobre denuncias de crímenes de guerra.
IMPACTO GLOBAL:
Este acuerdo no solo impacta a Gaza, sino que podría reconfigurar el panorama de Oriente Medio, con Hamás sirviendo de puente entre actores regionales como Irán y mediadores árabes. Refuerza la influencia de EE.UU. en plena tensión con Irán y allana el camino para ampliar los Acuerdos de Abraham. Para los palestinos es una oportunidad de revitalizar su causa, pero el papel de Hamás en la aplicación podría dividir a la comunidad internacional.
En definitiva, el alto el fuego en Gaza es un avance frágil pero positivo para reducir la tensión, con Hamás como actor clave para que funcione. Su papel en la implementación —desde el desarme hasta la gobernanza— negociará concesiones con retención de poder, pero vigilancia. Mientras el mundo mira, este acuerdo nos muestra que la diplomacia todavía puede abrir el camino hacia la paz sostenible.

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